Soñé que algo me devoraba

noviembre 29, 2017






Texto publicado en: liberoamerica.com


Hoy soñé que algo me devoraba.

Estaba en un bosque con altos árboles. Hacía mucho frío e intentaba calentar mis manos dentro de los bolsillos del pantalón. Era incómodo, incluso también el lugar. Pedí auxilio varias veces, dejando mi garganta adolorida, pero nadie contestó. El silbido del viento me recordaba que estaba sola y que nadie vendría por mí.

Hubo un instante, que me hizo sentir que perdía algo. Me toqué los bolsillos, la camisa, el cabello y el cuello. Todo parecía estar en su lugar. Entonces, ¿qué era? Quizás no se trataba de algo material, sino de algo significativo. A veces tenemos esa sensación, sin saber dónde o cómo lo hemos perdido.

Perdemos cosas y personas todos los días. Algunas importantes, otras no tanto. Pero en mi regocijo, me seguía preguntando, lo que había dejado. No lo sabía. Incluso ahí de pie, en medio del bosque, con el frío helándome los huesos… No lo sabía.

Lo perdí, pero, ¿dónde y por qué? Caminé quizás unos tres metros, para después volver al mismo lugar. La desesperación se hizo parte de mis emociones. De ese frío que me hacía tambalear en cada movimiento. Luego ese dolor que se resguardaba en algún rincón de mi corazón. Mi alma se rasgaba, pero no sabía por qué. Supongo que así somos todos, buscando una forma de escarbar los sentimientos que nos hieren, para después de encontrarlos, intentar entenderlos. Yo no quería entenderlos, quería arrancarlos.

Me golpeé con algo, quizás con un árbol, no lo recuerdo. Pero el dolor me mantuvo quieta por unos minutos. Miraba hacia el suelo, intentando buscar aquello que había perdido, pero… ¿Cómo se busca algo sin saber lo que se está buscando? No reconocía nada a mí alrededor. Nada me resultaba familiar. ¿Así era mi corazón? ¿Un estado vacío, un bosque sin gracia, un frío que aturdía los sentidos, algo perdido, solo?

Caminé un poco más, pero me detuve. Hubo un movimiento vibrante debajo de mis pies. Intenté sostenerme, pero caí. La tierra colapsó, algo me sostuvo las piernas. No experimenté una sensación de horror (que es una emoción normal en ese tipo de situación). No. No tenía miedo. Estaba desesperada, necesitaba encontrar lo que dejé en aquel bosque. Incluso siendo devorada por el suelo, seguía pensando en recuperar aquello que había perdido, sin saber lo que era. Me aferré con tanta fuerza y luché con todas mis ganas. Una niebla extraña e intimidante se acercaba. Una sombra alta la seguía.

No, no, no. Tengo que encontrarlo.

Seguí en aquella lucha, pero… ¿Qué sucede cuando aquello que has perdido no desea ser encontrado? Supuse eso mientras luchaba por mi vida. Por todo lo que esperaba, por todo lo que creía posible. Las fuerzas de las emociones te nublan el juicio, puedes sangrar mientras te aferras. Yo no sangraba, pero algo estallaba en mi interior.

Por lo perdido y no encontrado.

En medio de aquella tortura, me solté.

Y fui devorada.




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