Carta de Verónica a Sergio (IX)

julio 24, 2018


Penúltima carta, 

No sé cómo comenzar a despedirme. Una vez te conté que odiaba las despedidas y que no toleraba acompañar a mis familiares y amigos al aeropuerto. Te conté también de aquella vez que mi amiga, Luz, se fue a Estados Unidos a estudiar una maestría y que todos la despidieron con lágrimas, cursilerías y excesivos besos. Fui la única que se quedó en casa. Quizás por ese motivo no volví a saber nunca más de Luz y la comprendo, ¿sabes? Por supuesto que lo hago, pero no quise que esa sensación vacía del adiós permaneciera conmigo incluso después de su partida.
Han sido tres años de desasosiegos, de llanto y una ausencia que marcó cada centímetro de mi piel. En todo este tiempo, nunca logré decirte adiós, Sergio. He olvidado muchos encuentros y palabras, pero tu rostro se sigue manteniendo intacto en mi memoria. No sé dónde nos conocimos pero sí recuerdo nuestras largas charlas en la biblioteca. Tu recuerdo sigue lloviendo en mí.
Mi hermana se acercó para preguntarme si necesitaba algo, últimamente se me acerca demasiado por las noches y sus ojos saltones brillan en la oscuridad. Cuando despierto, creo que sigo soñando, pero después su mano se cierna en la mía y su susurro me aterra. Me quedo paralizada y le digo que no, que gracias, que todo está bien. Ella me suelta y sale a pasos apresurados. Es como si estuviera esperando mi muerte con ansias, estará agotada de lidiar conmigo. Te lo dije, Sergio. Cambió mucho después de tu partida y de mi enfermedad. No pudo seguir sus sueños, la sujeté a un destino desdichado.
Escribiendo esta carta empiezo a comprender toda nuestra historia. Nunca se trató de la dependencia del uno al otro, sino de la libertad de dos corazones que se amaron con fervor. Caí en la necesidad de tenerte por mucho tiempo y ahora siento que puedo soltarte. Que puedo soltarnos. Me aferré a la idea de ser parte de tu vida hasta el día de mi muerte cuando la realidad es que no necesitaba tenerte siempre para saber que te amaba. Fui egoísta con nuestro amor y nunca tuve la oportunidad de decírtelo. Por cierto, ¿Cómo está París? ¿Hace frío o calor? ¿Quién va a ti en las noches?
Acepto todo lo que pasó aunque me siga carcomiendo el alma. No puedo hacer otra cosa, Sergio, que seguir adelante. Solo te escribiré una carta más y eso será todo. No volveré a escribirte. Es absurdo hacerlo. Sé que no vas a leerlas, ni que regresarás a tu casa, ni que vendrás a verme. Al irte marcaste nuestra historia y nuestra sentencia. Lo lamento mucho por ti. Lo lamento mucho por nosotros.
Desde el inicio de nuestra relación quisiste irte. Soñabas con viajar a París y ser parte de todo lo que la rodea. Me hiciste vagas invitaciones un par de veces e intuí que algo no andaba bien. ¿Cómo puedes enamorar a una chica que ha sufrido tanto y después dejarla llorando en una habitación? No creo que mi último arrebato sea la causante de todo, de verdad que no lo creo Sergio. Querías irte y yo te dejé ir sin retenerte. ¿Fue mi error? No estoy segura. Cuando una persona quiere quedarse, simplemente lo hace. Nuestra discusión fue la excusa perfecta para tu capricho egoísta. Siento una leve satisfacción al pensar que vives en una fantasía, Sergio. Que los cuerpos que has acumulado por todos estos años, no te ayudan a olvidar el mío. Sonríes a una nueva cara, una cara simpática que te hace feliz, pero entonces recuerdas la atrocidad que hiciste y sabes que eres una mala persona. Lo sabes y sigues disfrutando de esa absurda felicidad pasajera. Vives porque no tienes nada más que hacer. ¿Sabes cómo se llama eso? Karma, Sergio. También puedes llamarlo justicia poética.
Ahora puedo seguir, salir y suspirar el aire que no he suspirado en años. Vestirme con mi mejor ropa y tomarme una cerveza mientras coqueteo con el primer extraño que se acerque. Puedo al menos intentarlo. Tengo que hacerlo. Por mí, por los años perdidos, por el amor, por mis padres, por mi hermana y por los largos años de espera. No estés mal, amor, después de todo, somos parte de lo que hemos destruido.

Por siempre tuya,Verónica.  

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