Tres párrafos y siete líneas.


Estoy sentada con una página en blanco frente a mí y con un revuelo de ideas en la cabeza que van y vienen. No he tocado la pluma desde hace semanas. El trabajo me consume, pero más que el trabajo, hay algo que viene retorciéndose desde hace días. Tres párrafos. Siete líneas. Las palabras se quedaron prendadas en mi cabeza, ardiendo en el vacío. Hoy vuelvo a tomar la pluma para escribir retazos de pensamientos, opiniones y alma. Me escribo respuestas a mí misma.

***

Si pudieras ir hacia atrás, ¿qué es lo que dirías? ¿Acaso te atreverías a contar la verdad? ¿Serías capaz de hacerle frente a las consecuencias de tu frialdad? ¿Por qué mantienes la barbilla alzada? ¿Por qué esa indiferencia? ¿Por qué no lo sueltas? ¿Por qué no escribes lo que te carcome? ¿Por qué no preguntas? ¿Por qué no lo enfrentas?

***

Siempre me sentí insegura al explicar lo que siento o lo que pienso. Al hacerlo, es como si tuviera un público de espectadores frente a mí, a la espera de una pésima interpretación de mis palabras. No me sé explicar muy bien y las palabras terminan siendo un manojo de frases inconclusas o de opiniones malversadas. Titubeo demasiado y guardo demasiado también.

***

Escribí nuevos capítulos para mi novela, algunos se quedaron estancados porque hace semanas que no escribo. Los vuelvo a retomar, ya con el alma tranquila y sonrió y la odio otra vez. Entonces la tiro en mi escritorio y cierro la puerta. Luego la vuelvo a abrir para mirarla desde el umbral. ¿Cómo una novela puede destruirte y construirte al mismo tiempo?

***

Escucho a John Mayer de fondo y su hermosa voz me invita a seguir escribiendo. Es como si me hubiera despertado de un letargo o de una profunda depresión. Una especie de libertad bulle en mi interior y las palabras siguen saliendo. Dos, tres, quizás cuatro semanas sin escribir. Hoy logré culminar mi novela, (de verdad) esa que ha estado balanceándose por todos lados. Un día la veo encima de mi escritorio, al otro día encima de mi cama. Me atormenta. No debí escribirla. Quizás no debí idealizar tanto a una persona. Tres párrafos. Siete líneas. No hace mucho leí El olvido que seremos de Héctor Abad Faciolince y hay una frase que describe perfectamente mi novela.
“Es una de las paradojas más tristes de mi vida: casi todo lo que he escrito lo he escrito para alguien que no puede leerme, y este mismo libro no es otra cosa que la carta a una sombra”.

***

And it keeps cursing my name. No matter what I do, I'm no good without you and I can't get enough. Must be love on the brain… Esa es Rihanna, no sé por qué se cambió, pero la canción no está nada mal. Luego regresa John Mayer con su… Too many shadows in my room. Too many hours in this midnight. Too many corners in my mind… Entonces comienzo a escribir otra vez. He dejado el trabajo a un lado para navegar entre las sombras de mi mente. Entonces empiezo a escribir con el alma en los dedos. Sale uno, dos y tres cuentos. El primer capítulo de una próxima novela.
Mientras escribo, la música cambia y comienza a sonar Sam Smith, con esa voz que hace vibrar a cualquiera. Quiero seguir escribiendo, pero mis dedos se detienen por unos segundos. Tres párrafos. Siete líneas. Vuelvo a recordar esas siete líneas, esos tres párrafos y regreso a mí escritura sin que me afecten demasiado esta vez. No pueden. Me he liberado de ellos.

***

Hay personas que están destinadas a repararte. Lo supe apenas apareció en mi vida. Sus ojos, su sonrisa y esa forma insoportable de hacerme perder la paciencia. Me pierdo en su cuerpo desnudo frente a mí y lo miro andar por la vida como si esta le perteneciera. Admiro esa valentía suya que tiene para seguir caminando, para seguir teniendo la misma energía que ayer. Qué importan esos tres párrafos y esas siete líneas cuando le tengo conmigo.

***

Ain't nobody hurt you like I hurt you. But ain't nobody need you like I do. I know that there's others that deserve you. But my darling, I am still in love with you. Ese es Ed Sheeran el que está sonando. Puedo sentir las letras en mi interior, buscando algo que tal vez ya no está. Esos tres párrafos y esas siete líneas hicieron estragos. Los vi navegar por todos lados hace una semana, tal vez dos, cuando llegaron a mí. En medio de la canción, retomo mi escritura, mis novelas, mis cuentos, mi vida. Porque no hay nada que ame más que escribir. Es el único estado en el que me siento yo misma. Sin mentiras, sin secretos y con tantas historias que contar.

***

“I grew up in my own head. As soon as I lose that control, once I have to deal with someone else’s desires, I cut and run. I’m pretty culpable about being hard to live with. I have had a good run of imagining things into reality, I’ve got a huge streak of successes based on my own inventions. If you tell me I’m wrong or that I’m overthinking something, well, overthinking has given me everything in my career. I have a hard time not looking at anxiety disorder as being like an ATM... I can invent things really well. I mean, I have unbelievable orgasms alone. They’re always the best; they always end the way I want them to end. And I have such an ability to make believe, I can almost project something onto my wall, watch it and get off to it: sexually, musically, it doesn’t matter. When I meet somebody, I’m in a situation in which I can’t run it, because another person is involved. That means letting someone else talk, not waiting for them to remind you of something interesting you had in mind.” (John Mayer, 2010).

***

Siendo honesta, ningún hombre ha alcanzado a enamorarme siquiera un octavo del modo en el que él lo hace con apenas abrir la boca y decir alguna tontería cuyo sentido y tono dé igual. Ninguno. Es curioso porque me aburro con una facilidad increíble de las personas y, pese a ello, de algún modo u otro, tengo plena conciencia de que es el único que jamás perderá chispa ante mis ojos. Basta con mirarlo, basta con escucharlo, basta con tener noción de aquellos detalles atrapantes que componen a quien es, y el increíble modo en el que todo pareciera tener sentido cuando lo tengo cerca.

***


Esto no es un llamado. Es una liberación. Tres párrafos y siete líneas.

0 Comentarios