No vendré con los clichés sobre cómo no puedo vivir sin ti o que me falta el aire mientras no estás. Por supuesto que puedo vivir sin ti. Solo que decidí no hacerlo.  

 

2012.

Pensé que eras guapo. Sí, eso. Es guapo. ¿Por qué sale con esa chica, por el amor a Dios? Y, ¿por qué yo salgo con este chico?

Un like, un follower, un mensaje. Recuerdo que hablamos hasta muy tarde y no quería despedirme de ti. Tenía una sensación extraña en todo el cuerpo. Pensé en lo absurdo de la historia, en cómo nos conocimos y en cómo llegamos hasta aquí. ¿Cómo pudimos dar tantas vueltas para estar un abril sentados frente al otro hablando de lo cruel de la vida, las metas, los sueños y en lo extraña que era hace unos años? Hacía un poco de frío porque estábamos en un restaurante al aire libre en el Casco Antiguo, (restaurante que ya no existe). No sé lo que comí porque no estaba interesada en la comida. Querías saber lo que fue de mí en todo este tiempo. ¿Cómo has estado? ¿Cómo está tu vida? ¿Alguien está ahí? Te conté mis desastrosas relaciones amorosas, la que conoces muy bien, el hombre que me engañó, el que me mintió antes de irse del país. Tenía una cicatriz enorme en medio del corazón. Hace unas semanas lloraba sentada en el baño del apartamento de mi papá (dónde vivía). El enorme agujero en mi pecho se ensanchaba. La desconfianza se atribuía a las pésimas experiencias. No sé si te lo dije algún día, pero tenía miedo. Estaba aterrada de volver a sentir algo y que no funcionara. No comprendía por qué había dado tanto de mí, por qué fui tan tonta, por qué me equivoqué. Pero entonces estaba hablando contigo y todo tuvo un poco de sentido. Necesitaba embarrarme los pies primero. Desconocerme y volverme a conocer. Pero al reencontrarnos entendí que tenía que llegar a ese momento.

Vivimos el momento sin saber a dónde nos llevaba. No me importaba el resto de las personas, ni las habladurías, ni de los que intentaron hacer poner una lámina de hierro entre nosotros. Éramos los dos contra un mundo repleto de perjuicios y relaciones basadas en superficialidades.

Estuviste ahí cuando mi mundo empezó a tambalearse y no sabía qué hacer. Cuando ciertos conflictos me dejaron sin ganas de tomar la pluma.

Junio 2017.

Salí sin ganas de mirar atrás y entré en tu mundo y tú entraste en el mío. Me abriste las puertas de tu casa y me dijiste que lo peor que podía pasar es que no funcionase. Estaba ahí, medio asustada, con el corazón latiéndome con fuerza, con lágrimas en mis mejillas. Llegué con maletas, cajas, bolsas, libros. Y me recibiste con los brazos abiertos.

Un día me dijiste… Cuando te sentaste frente a mí en esa primera cita lo supe. Pensé: es ella.

Tengo que decirlo: vivir contigo no ha sido fácil, pero tampoco es que esperaba que lo fuera. Empecé a conocerte mejor, a conocer tus manías, locuras y ganas de comerte el mundo entero. No entendía (y admito que aun entiendo poco) sobre la tecnología. Eres un fanático a ella y sin embargo, yo soy una mujer de letras, libros, imaginación, extrañezas y mal carácter. Pero me encanta escucharte hablar sobre lo que te gusta. He aprendido demasiado de ti. De los videos extraños que ves, de tu interés por la historia, de tus delicioso platillos, de tu pasado. Todo se conforma en lo que eres ahora.

2019.

Ahora puedo comprender por qué sueles pelearte solo o por qué te molesta que sea una desordenada que va dejando atrás papeles, cosas abiertas y cosas mal puestas. Pero también puedo entender por qué me sigues sosteniendo la mano a pesar de lo complicado que a veces se convierte vivir juntos. Tampoco es que tengo tan mal carácter, soy simpatiquísima de hecho, pero también soy una mujer muy solitaria. Y me gusta y a ti también porque por alguna extraña razón del universo, tampoco te gusta estar rodeado de tanta gente (aunque sé que aguantas un poco más que yo). Eres un político y yo vivo lanzando fuego a quienes no tolero. Tengo una lengua un poco venenosa, pero también me quitaría un brazo por mi familia y por aquellos que considero mis amigos. Me gusta ayudar a la gente, a pesar del poco agradecimiento que me llevo. Por eso entiendo tu sensibilidad, tus cariños, tus bromas pesadas y tu falta de prudencia en momentos incómodos. Te preocupas demasiado aunque no sueles admitirlo. Eres de hacer un favor a altas horas de la noche sin importarte mi cara de mal humor porque se supone que deberíamos estar durmiendo. Te preocupa cuando decido ignorarte porque te has convertido en un niño insoportable de 5 años y termino diciéndote que nuestros niños serán tu karma. Entonces terminamos riéndonos, besándonos y viendo pelis hasta que nos quedamos dormidos.

Mi casa. Nuestra casa. Nuestro rincón de chistes, burlas, historias, encuentros pasionales, momentos de celebración.

Te digo mi marido aunque esa palabra implique una firma en un papel porque el sistema burocrático lo exige. El papel puede venir después. No solo eres mi marido, también eres mi mejor amigo, compañero de viajes y confidente.

Queda entonces decir lo más importante y el motivo de esta carta: Feliz cumpleaños, amor.