Cuento una historia que antes no recordaba. Puede que suene un poco extraño, pero incluso Sigmund Freud abarcó la teoría en un informe publicado en la revista Science. El cerebro humano es capaz de bloquear los malos recuerdos. Ahora que quiero recordar mi experiencia para escribir este artículo, hay ciertos detalles que he olvidado. Pero recuperé gran parte de los recuerdos. Sé que quizás se pregunten por qué contarlo después de años y mi respuesta quizás no sea tan clara, pero voy a intentar explicarlo. Tampoco diré el nombre real de la persona. Tuve un gran debate si hacerlo o no, pero no quiero darle ese poder. El poder de protagonismo. Su nombre y su apellido siempre estuvieron ahí, en mi memoria, y sé que algún día lo diré. Pero por ahora, quiero contar parte de mi historia con la libertad que las letras me permiten.

El nombre que le pondremos será Jake.

Recordé esta experiencia el 18 de abril de 2019 mientras veía el documental Abducted in plain sight. Mi novio me comentó que lo viera, que lo había visto y era muy bueno. Abducted es la historia de un hombre que logró convencer a una niña que debía cumplir una misión encomendada por los extraterrestres para poder abusar de ella. Si no lo hacía, su hermana y sus padres sufrirían las consecuencias. Jugó también con la mente de los padres de la niña. Mientras lo veía, dije en voz alta. ¿Cómo va a creer todo esto? ¿Cómo la madre pudo caer en él? Es una niña, por supuesto que se lo creyó, pero, ¿cómo cayeron los padres? No tiene sentido… Entonces lo recordé de repente, como una luz que se abre paso en un espeso y frondoso bosque. La historia empezó a tejerse en mi cabeza, recordando detalles, nombre, apellido, rostro. Algo se retorció en mi estómago y quise llorar. Miré a mi novio, se había quedado dormido y no pude contarle en ese momento lo que estaba experimentando. ¿Cómo pude olvidarlo? No lo entendí, pero al día siguiente cuando me senté a investigar, encontré las respuestas. Ver esa serie fue mi disparador. Había almacenado esa experiencia en algún lugar de mi memoria, la suprimí tanto que la olvidé. Entonces supe que tenía que escribirla. No le había contado esta experiencia a nadie. Ni a mi padre, ni a mis amigos, ni a mis parejas. Tenía que contárselo a alguien antes de sentarme a escribir, necesitaba sacar las imágenes de mi cabeza. Al día siguiente, mientras caminaba por la sala, temblaba internamente, tenía las manos frías y la garganta cerrada. Me senté en la mesa mientras mi novio preparaba el desayuno antes de salir. Se reía de algo que me contaba. Me miró cuando empecé a hablar y su risa se apagó. Supongo que mi expresión reveló la seriedad de la historia que iba a contarle.

Conocí a Jake en el 2013. Investigué en internet para confirmar algunas cosas, no tengo el olfato que tiene un periodista, pero logré dar con los datos más importantes. Es venezolano también, estudió en la Universidad Internacional de Ciencia y Tecnología (UNICYT) en Panamá. No sé si logró culminar la carrera o si estudió realmente en esa universidad. Creo que participó en diferentes olimpiadas de matemática y es fan del Otakus y las animaciones japonesas. Trabajaba, creo recordar, en una pizzería en Albrook. (Centro comercial de Panamá). En aquel entonces, me encontraba cursando mi licenciatura en publicidad y mercadeo con énfasis en imagen corporativa en la Universidad Interamericana de Panamá. Lo conocí por medio de mi padre. No sé cómo se conocieron, pero me lo presentó un día cuando fui con él al Pavo Real, un bar ubicado en la Vía Argentina de la ciudad de Panamá. Mi padre le dijo que escribía. Comenzamos a hablar sobre literatura y sobre mis libros favoritos. Le conté que leía mucho fantasía y terror. Era muy simpático, sabía cómo mezclarse y cómo caerle bien a la mayoría de las personas. Tienes que ser demasiado observador para notar algo extraño en él. Supe mientras hablábamos que era también muy inteligente. No sentí una atracción ni física ni emocional, me refiero al sentido de gustarme, me parecía que podíamos ser grandes amigos, pero no era mi tipo.

Jake es alto, de contextura gruesa y de piel morena. Tenía los ojos grandes y usaba lentes. Su presencia se hacía notar, no era nada atractivo, pero tenía algo. Sus ojos son oscuros y penetrantes, causan un poco de inquietud. Era difícil ver a través de ellos. Eran tan oscuros y tan profundos como un pozo sin agua. Vacíos.

Al día siguiente de conocerlo, me preguntó si quería salir a hablar. Yo le escribí a mi padre para informarle que saldría con él y obtuve una respuesta que no me extrañó demasiado. Mi padre era muy celoso conmigo en aquella época. Me respondió que Jake le parecía ser una persona con la que no podías confiarte. Pero sus palabras no me causaron alarma porque él normalmente era así con casi todos los hombres que se me acercaban. Salí con Jake ese día y hablamos de todo un poco. Le conté que hace un par de días había terminado una relación y que me dolía mucho, que teníamos problemas económicos y que tenía que buscar trabajo. También le conté las peleas con mi padre. En algún momento de la caminata, la conversación se desvió. Es aquí donde intento hurgar en mi memoria, rasgar ese closet de recuerdos para encontrar los detalles más importantes. Jake comenzó a contarme sobre otras dimensiones y me preguntó si creía que había un mundo detrás de este. No supe que responder, pero mi silencio solo le dio cabida para que siguiera contando su fantasía. No puedo recordar con detalles las conversaciones, ni cómo lo contó, pero puedo recordar lo más importante. Según él, venía de otra dimensión en la que estaba casado conmigo. Mejor dicho, con una mejor versión de mí. La otra yo era una mujer más sensual, con los ojos claros y con confianza. Una mujer que se estaba comiendo el mundo. Que hacía grandes cosas y que era una escritora muy famosa. Recuerdo vagamente, que utilizó muchas definiciones científicas para hablarme sobre ello. Era extremadamente inteligente.

“Tiene esa confianza que a ti te falta”. Me dijo.

Sus palabras causaron que las heridas que llevaba, se abrieran un poco más. Estaba deprimida y ni siquiera lo sabía. No podía coordinar bien lo que me decía con mis pensamientos. Llegué a Panamá en septiembre del 2011 por una oportunidad de trabajo que tuvo mi padre. Vivíamos en Barquisimeto, Venezuela. En mi país, no había visto el mundo. Estaba siempre encerrada en mi habitación leyendo y escribiendo. No salía, apenas hablaba, era muy asocial. Muy inocente también. Cuando conocí a Jake, tenía 20 años y apenas salía de mi primera relación formal. Me encontraba muy débil porque no sabía cómo enfrentar lo que me sucedía. Emocionalmente, con el corazón hecho pedazos. Tenía baja autoestima y algunos traumas del pasado empezaban a florecer.

Luego de ese día, hablábamos sobre la magia. Es aquí donde las cosas se empiezan a torcer un poco. Según él, en la otra dimensión era un guerrero que hacía magia. Y que yo también podía hacerla. En esa otra dimensión, había otro él. Que estábamos destinados a encontrarnos en todas las dimensiones. Con la magia, podía leer el aura de las personas. Una estela de color que veía alrededor de mí. La mía era azul, era una buena persona, pero con baja autoestima. Practica frente al espejo y verás la versión real de ti, verás a un demonio con cachos, pero eso solo durará un par de minutos. Después verás el aura alrededor de ti.

Me dijo que mi padre no era bueno porque su aura lo demostraba. Para él, todos a mi alrededor eran malos, insignificantes, carentes de inteligencia y personalidad. ¿Practiqué frente al espejo? No lo hice, por supuesto.

En este punto de la historia se deben preguntar cómo pude creerle o peor aún, ¿cómo pude seguir escuchándolo? Jake es un maestro de la manipulación. Estoy hablando de un psicópata. No le causaba lástima verme consumida, ni confusa ni desesperada. Le costaba sentir lástima por las personas. Cuando le discutía sobre sus historias, se enfurecía, era muy impulsivo. En un instante era la persona más simpática del mundo, y al otro quería matarte. Me insultaba y me recordaba que sabía dónde vivía y que podía hacerme daño tanto a mí como a mi padre. Entonces dejó de ser ese hombre con historias fantásticas y empezó a infundirme miedo. Un miedo atroz que nunca antes había experimentado. Si me preguntan cómo lo hizo, no puedo explicarlo. Él tuvo el control de mi vida.

Me había infundido tanto miedo que al verlo temblaba internamente. Me restregaba lo que opinaba sobre mí esa otra versión de Yoselin. Ella era mejor, mucho mejor, y nunca sería como ella. Eres débil, insegura, desconfiada, no te arreglas demasiado, siempre tienes ese cabello hecho un desastre. Me pisoteó todas las veces que quiso y no pude detenerlo. Recuerdo que bajaba la cabeza y me encogía de hombros. Me estaba consumiendo. Apenas comía porque solo pensaba en las historias que me contaba. Y en el miedo. También me estaba aislando. No veía a mis amigos y me costaba concentrarme en las clases por pensar en sus amenazas.

Un día me invitó a su casa o apartamento. No puedo recordar donde vivía. Tampoco recuerdo lo que me dijo para que fuera. Solo puedo recordar caminar por un estrecho pasillo hacia su habitación. Jake no me atraía sexualmente, pero me convenció de tener sexo con él. ¿Cómo? No puedo recordarlo. No se sentía bien, mi cuerpo lo rechazaba, pero me quedé quieta. No grité ni le reclamé. Había un silencio que recordaría por mucho tiempo. Al culminar, me levanté, me vestí y salí sin decir nada. Sentí ganas de vomitar y asco de mi propio cuerpo. Lo sentía sucio y cuando llegué a mi apartamento, me di una larga ducha. Esperaba que el jabón y el agua me quitara esa sensación asquerosa que tenía por todas partes. Pero no se quitó.

Unos dos o tres meses después de conocer a Jake y de sumergirme en sus manipulaciones, empecé a hacer distancia. No le gustó, siguieron las amenazas y el acoso por Facebook. Hasta que logré despertar del lapsus en el que me encontraba. ¿Cómo lo logré? Me senté en el borde de la cama y pensé en cómo conocí a Jake y en sus historias. Me busqué entre esa maraña de emociones y dolor y me encontré perdida en algún lugar de mi cabeza. Arrodilla en un rincón oscuro. Esperando. Logré despertar poco a poco. Fue como si una voz me recordara quién soy y dónde había caído. Cuando despiertas de una manipulación, de este tipo de experiencias, experimentas un dolor tan fuerte que apenas puedes coordinar tus decisiones. Te quiebra porque te cuesta creer que esa persona a la que le diste tu confianza, solo jugaba contigo. Era divertido entrar en tu mente, hacerte dudar y romperte en mil pedazos. Seguir rompiéndote, porque cuando conociste a esa persona, ya estabas rota. Te aisló. Lo primero que sentí fue una furia que me hizo marear y casi vomitar, después el dolor, luego la furia de nuevo. Y lloré, lloré mucho ese día, también grité. Me costaba entender cómo logré llegar hasta ahí. Cómo pude creer en todas esas tonterías. Jake mezcló la fantasía que tanto me gustaba, mi debilidad emocional, familiar y económica para dominarme. Y lo hizo, aunque no por mucho tiempo. Pero lo hizo.

Después de llorar, tomé mi teléfono. Tenía que terminar con todo eso. Tenía que alejarlo. Voy a redactar aquí lo que recuerdo de la conversación telefónica.

—¿Qué pasó? Estoy trabajando.

—Escucha muy bien lo que te voy a decir, Jake. ¿Sabes lo que pasa cuando le fundes miedo a una persona? Sí, esa persona, en cualquier momento, se volverá contra ti. Porque el miedo se puede convertir en odio y el odio en furia. Me creí toda tu mierda fantasiosa, pero ya no más. Tengo todas las conversaciones del Facebook guardadas. No borré nada. Tengo tus amenazas. Así que más te vale desaparecer, porque si vuelvo a verte, te denunciaré. Te arruinaré, lo juro, maldito hijo de puta. No quiero que vuelvas a aparecer, ni que vuelvas al Pavo Real.

Creo que le dije otras cosas más, pero no puedo recordarlo. Luego colgué. Me senté en mi computadora y lo bloqueé. Jake desapareció de mi vida. Pero todavía sentía sus manos asquerosas en mi cuerpo. Se había ido, pero me dejó todas las heridas abiertas y unas nuevas con las que tuve que luchar por cerrarlas. Supe que, si no reprimía esa experiencia, no volvería a tener una relación normal, porque al intentar acostarme con otra persona, volvería a sentir las manos de Jake, la mirada de Jake y sus críticas. No iba a lograr publicar mis libros si seguía escuchando su voz en mi cabeza. Suprimí tanto esa experiencia que terminé por olvidarla. La encerré en algún lugar de mi memoria. Y no me arrepiento de haberlo hecho. Esa fue mi supervivencia.

¿Por qué no denuncié a Jake? Recordar a la Yoselin de aquel entonces me causa tristeza, pero aprendí a luchar y a ser fuerte. No lo denuncié porque no sabía cómo contarle todo esto a la policía. Estaba en un lugar extranjero, donde mis derechos son muy mínimos y puede que no le importase a nadie. También me sentía muy avergonzada y estaba aterrada de lo que él podía hacer. Tenía la sensación de que podía hacer cualquier cosa porque no tenía nada que perder. Ese fue el quiebre de mi inocencia.

La experiencia que tuve no está muy lejos de las experiencias que tienen las personas que se hunden en sectas y en esos grupos espirituales como el de la terapia con Ángeles. Se aprovechan de tu dolor y de tus debilidades. Los que pertenecen en ese grupo son personas que siempre han estado buscado respuestas, algo más para sus vidas, perdieron un hijo, un familiar o una pareja. Personas con problemas emocionales. Utilizan tu dolor para manipularte, jugar con tu cabeza y con tu vida. Y se lucran de ello también. Para un psicópata es diversión, es excitante manipularte y llevarte al extremo. Para estos grupos que nombré, lo excitante es el dinero.

Todavía no soy madre, pero cuando lo sea, le advertiré a mis hijos de los peligros de la sociedad. No explicarles a tus hijos un por qué a lo que sucede o mantenerlo guardado en una caja de cristal para que nadie le haga daño es muchísimo peor. Es peor porque esa clase de inocencia atrae a las mentes más perversas y no podrán defenderse porque no saben cómo hacerlo. ¿Mi consejo? El mundo está lleno de personas malas e ignorarlas no hará ningún bien. Tu hijo merece saber lo que se va a enfrentar.

Jake ya no vive en Panamá. Un año después me escribió por Gmail disculpándose por todo lo que me hizo pasar y preguntándome cómo estaba. Como una forma de volver a entrar a mi vida. No respondí el mensaje. Lo bloqueé para que no volviera a ponerse en contacto conmigo.

Una vez me preguntaron por qué odio tanto a las personas manipuladoras o cómo hacía para notarlas. El por qué me desesperé cuando comprendí la manipulación que ejercían sobre mi padre, el por qué he estado a la defensiva, el por qué me dolió tanto que mis parejas siguientes me utilizaran y me engañaran. Ellos no eran Jake, pero sabía que haría todo mi esfuerzo para no volver a encontrarme con alguien como él.

No sabía de dónde provenía esa desconfianza en las personas, por supuesto, ya lo había reprimido, pero era por él. Jake el inteligente, el manipulador y el acosador. Mi mente alza un muro en defensa al reconocer las mismas actitudes que tenía Jake en otra persona, sin ni siquiera saber de dónde provenía todas esas defensas.

Después de tanto tiempo, de haber guardado algo tan horrible en mi memoria, puedo darle el cierre a este capítulo de mi vida. También porque hay otros Jake y espero que este artículo pueda ayudarte si estás pasando por una situación similar. Yo lo logré. Me gradué, publiqué mis libros, conocí a personas maravillosas y continué. No permití que esa experiencia me destrozara. No es que sea la mujer más fuerte del mundo, pero soy la más fuerte que conozco.