Todos los 13 de abril se celebra La cosecha. El Pueblo de Silas, un lugar perdido en la selva de Panamá, se rige bajo sus propias reglas y sus habitantes se mantienen atrapados en una especie de horror y luz que contrasta todo lo que conocen. Todo el pueblo, y en particular pero no exclusivo a, cuenta con una madeja de mitos en torno a su fundación y a sus fundadores. Los personajes se perfilan con base en lo que generalmente se encuentra en un prócer: ambición, mesianismo, culto a la personalidad. Con esos ingredientes del cóctel no puede ser otro que el de la magia servida sobre un mantel onírico con la sazón que es la marca predilecta de la autora: lo oscuro.

«El lector que siga los textos de Yoselin Goncalves debe habituarse a morar en espacios donde realidad y fantasía conviven armoniosamente. Son escenarios sacados de sueños, en los que no faltan los atavismos ni esas expectativas que han tensado la imaginación de los seres humanos a lo largo de su evolución.  Tanto en sus novelas como en los cuentos que ha publicado, y en los de este relato, precisamente, los personajes enfrentan dilemas cruciales, amenazadores, a los que el lector tendrá que concederles una forma concreta porque, con habilidad encomiable, la autora solo prefigura. Esto da lugar a una lectura plástica que se hace, se rehace y se afirma en la propia acción lectora. Un reto, sin duda, en un tiempo en que vivir y salir adelante ya es un reto insoslayable, como bien lo experimentan los personajes de Yoselin y, de paso, nosotros, sus lectores».

 

—Ariel Barría Alvarado
Panamá, 19 de marzo de 2020
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