Artículo extraído de: http://www.mariapereztalavera.com/escribiresdehumanos/2019/3/21/no-apagues-la-luz-el-terror-de-lo-real

 

Ciudad de Panamá, 14 de marzo de 2019

Biblioteca Interamericana Simón Bolívar

Universidad de Panamá.

NO APAGUES LA LUZ. EL TERROR DE LO REAL

Presentación de No apagues la luz. Cuentos de terror y extravío, primer libro de cuentos de Yoselin Goncalves publicado por Foro-Taller Sagitario Ediciones, diciembre de 2018.

Por María Pérez-Talavera

Profesor Enrique Jaramillo Levi, escritor y promotor cultural;

Licenciada Yoselin Goncalves, publicista y escritora;

Público presente y distinguidas personalidades;

Buenas noches y un cordial saludo.

Ante todo quiero agradecer a la autora Yoselin Goncalves y al profesor Enrique Jaramillo Levi, por brindarme la oportunidad de compartir mis apreciaciones sobre la grata lectura de No apagues la luz, y a la Biblioteca Interamericana Simón Bolívar por abrirnos una vez más sus puertas.

Nota de la autora, Yoselín Goncalves.

Stephen King afirma que nadie está completamente seguro del horror que puede experimentar la mente humana. En ese sentido, si pudiera elegir un momento decisivo en mi vida, aquel que marcó parte de mi existencia, diría que fue mi niñez: una época intensa, perturbadora, sombría. Sin embargo, entre tanta oscuridad siempre encontré algo de luz. Supongo que tengo suerte de convivir con ambas.

Hay muchas pistas en la literatura de Yoselin Goncalves (Venezuela, 1993) que me hacen sentirla más que conocida, cercana. No necesariamente me refiero a sus personajes, sus casonas malditas o a los ecos de sus voces. Sino a ella. A la mujer. A la escritora. Si pudiera describir su pluma en una palabra, sería “íntima”: con la calidez de lo que viene de adentro; con la estrechez de lo guardado; con lo secreto de un susurro; con lo sensual de lo privado.

Son trece sus cuentos (uno de ellos epistolar), un número tenebroso, y a este libro no le puede ir mejor. En lo personal tengo un miedo tenaz a perderme, así que cuando recibí de manos de la autora un libro de “cuentos de terror y extravío” mi susto fue doble. Lo leí en pleno día y esa noche le dije a mi esposo “No apagues la luz”.

Los cuentos de Yoselin están maquiavélicamente confeccionados para asustar y deleitar (por más masoquista que suene), pues ella se tomó el trabajo de integrar los elementos precisos, como una orquesta fúnebre de canciones tan hermosas como desgarradoras, para generar un efecto concreto. Me he tomado la tarea de rescatar algunos de los elementos empleados por la autora (ocho, para ser precisa) y desgranarlos junto a ustedes con la esperanza de que se impregnen del aura impositiva de su libro.

  1. El aura

Defino como aura al ambiente que la escritora crea no dentro de sus historias, sino fuera de ellas. Ese efecto concretizador que genera en nosotros los lectores, que vamos absorbiendo el cuento hasta desdibujar, no sin vértigo, la línea entre lo real y lo paranormal. ¿O es lo paranormal, acaso, también parte de lo real? Esta es la sensación que a mí me queda tras la lectura de No apagues la luz. Y me da miedo.

La nota de la autora es el primer ladrillo, la piedra angular de la construcción del aura. En ese sentido y de ahí en adelante, la autora fusiona lo que pareciera autobiográfico con lo documentado y certero de su narrativa, poniéndonos el dedo en el mapa, mostrándonos fotografías decadentes, sumergiéndonos en su narrativa sensual.

A continuación, una muestra de un pasaje del primer cuento, La voz, que me atrevo a tildar de tono autobiográfico, sin intenciones de aseverarlo:

“No tenía muchos amigos, y tampoco iba demasiado a la universidad. Los libros fueron su refugio. Disfrutaba leerlos, sumergirse en ellos y olvidarse de ese otro mundo, el suyo, que le parecía falso. Le atraían las historias de misterio y terror. Edgar Allan Poe era su predilecto, en especial el poema de Annabel Lee. Se lo sabía de memoria y lo recitaba antes de dormir” (20)

Acto seguido, en La maldición de la casa Arteaga, cuento dedicado a su familia, Yoselin nos abre las puertas de un hogar embrujado y, tras el punto final, nos presenta fotos espeluznantes de la casa a la que hace referencia, con dirección exacta y lugar en el mapa. O sea, si la casa existe, ¿el embrujo también? Aquí, como lectora, ya llegué a otro plano donde, literal, me comí el cuento. Es decir, me lo creí todo, hasta el embrujo.

2. La voz

El segundo elemento y que en mi opinión la autora maneja con suma destreza, es la voz. En todos los cuentos del libro se escucha una voz, un coro de voces, ecos de aquellas voces que resuenan en sus personajes tanto interna como externamente. De hecho, se titula su primer cuento así: La voz, lo cual define claramente una temática innegable del libro que, a su vez, es poderosa herramienta para, 1) crear suspenso y 2) generar un efecto de limbo entre lo que es real y lo que no en la trama, que trasciende además a la mente del lector.

¿Qué características tiene esta voz?

La voz, a ratos, es interna; pero de repente se amplifica y rompe la barrera mental.

“—Estás dentro de mi cabeza. Tal vez no seas real.” (64)

“…como una suerte de culpa o de voz rota que a veces se apoderaba de tu otra voz, que yo quería creer que era la verdadera.” (139)

La voz es imperativa, autoritaria, perenne y perpetua.

“Sofía, ven. Acércate a mí.” (19)

“No soportaba el dolor que le causaba la voz cuando se resistía a sus mandatos.” (64)

La voz es susurro, es canto y es grito.

“Soy parte de ti.” (66)

“Mario se dio cuenta de que la mujer, (…) estaba cantando sin mover los labios; era un canto que procedía de su interior, como una vibración intensa.”

En ocasiones la voz es ininteligible. En otras se abre a un diálogo o emula un monólogo, como por ejemplo el siguiente pasaje: “Tú de nuevo me dirías que busque una voz interior que me guíe, pero… ¿Y si esa voz también se apagó?” (129)

Ágilmente la autora la usa como elemento recurrente, repetitivo y polifónico para de alguna manera musicalizar escenas, radionovelizar pasajes y crear efectos especiales que juegan con la psiquis del lector.

3. La sangre

El tercer elemento que identifico es la sangre, que la autora utiliza como herramienta de fluidez narrativa. Metafórica y literalmente, en forma y fondo, la autora salpica y a veces empapa sus relatos con sangre, los pinta de rojo, como si buscara de alguna manera lubricar la narración, proclamándola el hilo conductor y común denominador de sus historias.

A continuación leeré diversos paisajes aislados de varios cuentos del libro, que hacen referencia a la sangre como elemento:

“Veía los autos, las personas y las calles manchadas de rojo intenso. (…)

El cielo se teñía del mismo color. (…)

La intensidad de la lluvia apenas le permitía mover su cuerpo, chorreaba agua roja. (…)

Sus rostros salpicados de gotas rojizas. Sonreían, con sus dientes manchados de rojo.” (47)

“Gotitas de sangre resbalaron por la punta de sus dedos.” (68)

“La sangre salpicó por toda la cuna.” (70)

“La sangre le corría por todo el cuerpo.” (71)

“Se entreveían unas manchas rojizas sobre la madera flotante.” (81)

“Hilos de sangre gotearon desde los muros destrozados.” (86)

“Tenía una bata negra, raída y sucia, teñida de sangre.” (93)

4. La noche

No serían cuentos de terror si no tuvieran la noche como escenario. Yoselín logra con éxito engranar la noche dentro de un contexto que no excluye la luz del día, creando un efecto claro-oscuro que, al cambiar intermitentemente, genera desasosiego.

5. La violencia doméstica y de género

Me llama poderosamente la atención y es de mi particular interés detenerme a considerar el papel de la violencia doméstica y de género en la obra de Yoselin Goncalves. Mi curiosidad surge desde el momento en que la pongo en contexto con más de cien autoras –sólo en Panamá– a quienes ocupa y preocupa el tema y que así lo manifiestan en su ficción. El libro ¡Basta!: 100 mujeres contra la violencia de género (Modus Ludicus Editorial, 2017) antología de Carolina Fonseca, Olga De Obaldía, Nathalie Ponce y Danae Brugiati, es evidencia de esto. Más recientemente la autora panameña Gilza Córdoba también presenta una colección de cuentos con esta misma casa editorial, Sagitario Ediciones, en la que la violencia de género es uno de los temas.

Hay numerosos pasajes a lo largo de los trece cuentos que lo ponen en evidencia y, en uno de ellos incluso se comete un feminicidio. A continuación citaré algunos de ellos:

La maldición de la casa Arteaga

“Freddy, el padre, había decidido quedarse en la capital. Lucero lo agradecía. Las continuas peleas la tenían agotada. Por años sufrió el maltrato de ese hombre al que solo leimportaban la droga, la bebida y las mujeres.” (25)

Ella lo sabe

“Entonces la apreté con más fuerza. La tiré contra la pared, se golpeó la cabeza, dejando una mancha rojiza en los ladrillos. Gritó y la golpeé.” (42)

La mujer de rojo

“Yo lo golpeé con una silla. Le rajé parte de la cara y también la barbilla.” (46)

Marie

“La última vez, padre te encontró y me golpeó con la tabla. Me dejó moretones azules y verdes. Uhmm… ya sé, es su forma de convertirme en niña buena. ¿Tú no quieres ser una niña buena?” (51)

“Después subió a la habitación de Valeria y le propinó unos golpes para que no olvidara dejar las puertas cerradas.” (52)

“Valeria rompió casi todos los floreros por culpa de Marie y los golpes llegaron con más fuerza. Llegó a tener los ojos y los brazos amoratados.” (52)

Es mi lectura que el terror que genera la violencia cotidiana dentro del hogar y la violencia de género es tan o más grande que el miedo a lo paranormal y, en contexto, funciona perfectamente como elemento aterrador. A veces la realidad sobrepasa la ficción.

6. Relaciones familiares disfuncionales, conflicto e intrigas

De la mano con la violencia doméstica y de género en los cuentos de Goncalves, va la marcada presencia de relaciones disfuncionales, conflictos e intrigas en el núcleo familiar. Entre ambos elementos, la autora entreteje una atmósfera hostil que construye sobre la trama y a su vez, sobre el aura.

La voz

“Creció en un ambiente de tensiones, con padres ausentes debido a los largos viajes de trabajo.” (20)

La maldición de la casa Arteaga

“Un día, Freddy llegó de improviso. La familia jamás olvidaría esa visita. (…) Sus hijos se alegraron de verlo, pero temían también sus explosiones.” (25)

Ella lo sabe

“No me perdonó haberla engañado con una muchacha que conocí en un café.” (41)

 Y así, en otros cuentos también está presente el tema: Una rosa para tu cadáver (una rivalidad filial fatal), La mujer del lago (adulterio), Todo se convirtió en tormenta (familia política malvada), La mansión Santo Domingo (hermanos antisociales), El espejo de abajo (abandono familiar).

 7. La muerte como amenaza constante

La autora hace mención de la muerte con frecuencia, a veces como hitos de la historia y en otras como una situación aparentemente normalizada pero, que aún así, es objeto de terror.

 8. El pesimismo

En mi opinión, este elemento construye poderosamente tanto sobre el aura (lector) como en el ambiente (historia). A manera de máximas, Yoselin inserta una visión pesimista de la vida en prácticamente todas las historias, en algunos casos incluso con cierta belleza oscura.

“Los minutos pasaron como pequeñas eternidades de pavor.” (28)

“—Es un cementerio de almas –sentenció Matteo.” (31)

“Para eso uno se casa ¿no? Para seguir amando con los trozos en el suelo.” (40)

“—Yo también he amado –la mujer apretó el abrigo contra su estomago. (…)

—¿Cómo fue? (…)

—No correspondido. Una mujer como yo no puede darse el lujo de ser amada.” (44)

“Su madre solía decirle que el amarillo era el color de la buena suerte. Pero en su memoria, la casa de su madre no se inclinaba a la ladera de una montaña, sino en un maloliente vecindario.” (67)

“Creo que todas las mujeres, en algún momento de nuestras vidas, nos sentimos vacías y desganadas. Es parte del proceso, ¿no? De lo que se llama vida. Nos en­contramos, nos amamos, nos soltamos y nos odiamos. Ese es el verdadero proceso de todo. Intentamos entenderlo, pero no se trata de entender, sino de soportar. De seguir luchando con toda la mierda que nos cae encima. Seguir, Sergio. Seguir aunque el mundo se nos esté cayendo a pedazos.” (131)

La autora fusiona y conjuga los ocho elementos anteriores (aura, voz, sangre, noche, violencia, relaciones rotas, muerte y pesimismo) en una fórmula infalible para producir un libro de terror con calidad literaria y con el borboteo hipnotizante de una potente narrativa biliar.

Es con inmensa alegría que recibí el honor de presentar el primer libro de cuentos de Yoselín Goncalves, con quien comparto no sólo la afición al oficio de la escritura y el placer de la lectura; la profesión en el campo de mercadeo; la curiosidad por las redes sociales como medio amplificador; la reverencia a Edgar Allan Poe y una divina fascinación por las historias siniestras; sino también el gentilicio orgullosamente venezolano. En los tiempos oscuros que atraviesa nuestro país, es una suerte toparme en el exilio con compatriotas que dejan el tricolor de nuestra bandera en alto, con trabajo arduo, ética y arte. Gracias Yoselin, porque tus actos creativos son un grito de paz que nos llama a la conciencia y nos aviva la llama cuando nos susurras en el oído: “No apagues la luz”, así nos quiten indefinidamente la electricidad y nos vejen de todas las maneras posibles. Mientras existan estos y otros cuentos de terror y extravío, mientras sigamos creando, estaremos prendiendo antorchas de esperanza para la posteridad, alumbradas en esta patria buena que nos recibe y que, como siempre digo, no se cansa de parir buenas historias. Gracias Panamá, por izar nuestra tea.

Por su atención, muchas gracias. He concluido.

 

Presentación No apagues la luz